“El espacio entre los sonidos también es música, un territorio por explorar”.

En ese delicado equilibrio entre ritmo, silencio y resoplido de pista, la obra de Franco Cinelli revela una forma particular de habitar el tiempo a través del sonido. DJ, productor y figura de culto de la electrónica sudamericana, el rosarino lleva más de tres décadas construyendo un universo donde la precisión técnica jamás le gana a la emoción y donde cada loop se siente como un gesto de construcción paciente.

Mucho antes de que sus vinilos viajasen por el circuito de clubes de Berlín, Bucarest o festivales insignia como Sunwaves, Cinelli pasaba horas escuchando discos en Rosario. La ciudad santafesina atravesaba en los noventa un momento de enorme ebullición creativa y él formó parte de esa generación que le dio identidad propia a la escena nacional. Desde aquellos primeros años aprendió una regla básica: antes de aprender a producir, hay que aprender a escuchar.

Este próximo viernes 7 de julio, su universo sonoro desembarcará en la sala HiFi de Artlab. Entradas en este link.

La intuición como método y el vinilo como relato

Para Cinelli, crear música nunca fue aplicar una fórmula ni acumular beats por minuto, sino dejar que una idea aparezca y permitir que la pieza encuentre su propia respiración. En su estudio, donde conviven sintetizadores, cajas de ritmo y herramientas digitales, la tecnología opera simplemente como una extensión de la imaginación. Esa dinámica es la misma que traslada a la cabina cuando se pone tras los platos.

Con un estilo que combina soltura intuitiva, elegancia rioplatense y una búsqueda constante de nuevas texturas, Cinelli concibe sus sets como extensas narrativas donde cada transición es un capítulo y cada tema, un matiz. Es un arquitecto de atmósferas capaz de dialogar con las líneas más finas del minimal, el house hipnótico y las texturas heredadas del techno primigenio de Detroit, convirtiendo la pista en un espacio de conexión profunda, pulso magnético y libertad en movimiento. Al fin y al cabo, esa misma obsesión por moldear el sonido es la que guía su proceso creativo: “La composición es una cuestión infinita: nunca hay un límite, el límite sólo te lo ponés vos.”

Un mapa de navegación sonora

Su discografía —editada en plataformas clave como sus sellos Esperanza Records y Psyfunk— funciona como un mapa abierto de su evolución artística. Trabajos fundamentales como Waterdrop, Eternal Chant o Mosha muestran su maestría para la pista: producciones con temas emblemáticos donde el bajo opera como un corazón físico y bailable, mientras capas sutiles de microhouse orgánico tejen una hipnosis progresiva. Sin embargo, lanzamientos como 100 Días marcan un contrapunto clave en su carrera: piezas entre el ambient, el glitch y la experimentación pura, un trabajo que se aleja del pulso de club para demostrar que desde el silencio, la pausa y las microtexturas también se construye arquitectura musical.

Diseñar atmósferas implica construir espacios donde el sonido reside y la percepción se transforma. A lo largo de más de tres décadas, Cinelli ha erigido un lenguaje propio donde el tiempo no es solo una medida, sino una estructura viva que cambia según la acústica, el entorno y quien la experimenta.

El próximo 7 de agosto, Franco Cinelli desembarca en Círculo de Sonido, ciclo insignia de Artlab, una oportunidad clave para revisitar su universo sonoro en un formato inmersivo pensado para la cercanía, la escucha atenta y el baile sin pausa.