“En su primera presentación en Artlab, Adrián Iaies tocará solo frente a un Steinway de 1922. El concierto permite entrar en una idea que atraviesa desde hace décadas su relación con el piano: interpretar una obra ajena puede ser una forma de autoría. Esa concepción, marcada por los años de formación con Manolo Juárez, alcanza desde los standards de jazz hasta el tango, la improvisación y el repertorio popular argentino.“
Los ticketes para el concierto de Adrían Iaeis se encuentran disponibles en este link.

Un piano en territorio electrónico-digital
Adrián Iaies conoce la sala, pero nunca tocó allí. La diferencia le importa. En una conversación con Artlab a propósito de su presentación en Conciertos, habla de los espacios que van desarrollando una tradición y de aquello que ocurre cuando un músico llega con la propia. Busca un punto de contacto entre ambas. Para el concierto del 16 de septiembre piensa recuperar músicas que hace tiempo no toca, abordar otras que nunca llevó al piano y conservar zonas abiertas a la improvisación.
En esa primera aproximación aparece una tensión que el propio Iaies reconoce. Artlab está fuertemente asociado a la electrónica, las tecnologías digitales y el cuidado de las condiciones de escucha. El piano, observa, pertenece en principio a otro orden: es un instrumento acústico, donde cuerdas, martillos, madera, pedales y el cuerpo del intérprete intervienen directamente en la producción sonora. “¿Cómo hacer jugar esas cosas?”, se pregunta.
El instrumento que encontrará esa noche vuelve más concreta la cuestión. Es un Steinway Model O fabricado en Nueva York en 1922, restaurado. Con 180 centímetros de largo, el modelo fue concebido como un piano de cola relativamente compacto, capaz de ofrecer una sonoridad amplia y potente pese a sus dimensiones. Un instrumento fabricado hace más de un siglo ingresará así en una sala definida en buena medida por sistemas HiFi, síntesis, procesamiento digital y música electrónica.
Tocar solo lleva esa relación con el instrumento a un grado mayor de exposición. En el piano, una misma persona conduce las líneas melódicas, la armonía, el ritmo, las densidades y los silencios. Iaies conoce bien esa autonomía y también sus peligros: habla incluso de cierta sensación de omnipotencia que puede producir en un pianista. En el solo, cada decisión queda a la vista —y al oído—.
Interpretar
“Lo que no es negociable es hablar en primera persona”, dice Iaies.
La afirmación ilumina su relación con el repertorio. Puede tocar a Thelonious Monk, a Spinetta o una composición de Falú y Dávalos porque su identidad musical no depende de haber escrito aquello que toca. Una obra preexistente plantea decisiones: qué acentuar, qué desplazar, cómo tratar la armonía, cuánto conservar de una forma, dónde dejar espacio a la improvisación. La obra ajena pone en juego la identidad del intérprete.
Iaies lo explica mediante la literatura. Si alguien cuenta un relato de Raymond Carver, Juan José Saer o Bioy Casares, dice, en esa narración aparece también aquello que leyó en el texto y la manera en que decidió transmitirlo. La firma identifica el origen de una pieza; no alcanza para explicar todo lo que sucede cuando vuelve a sonar.
Esa manera de entender el oficio remite directamente a Manolo Juárez, con quien Iaies estudió durante años. En 2015, con motivo de Tiempo reflejado, el homenaje a Juárez realizado en el entonces CCK, escribió “La huella del maestro”. Allí recuerda que escuchó por primera vez Trio at Town Hall de Bill Evans en casa de Juárez y sostiene que, aun si Evans nunca hubiera compuesto, su importancia no sería menor: hizo propias canciones escritas por otros. Iaies escribe que Manolo le transmitió la necesidad de buscar otras lecturas posibles y de apropiarse del repertorio hasta dejar en él las propias “huellas digitales”. Y recuerda una enseñanza que reaparece once años después en la conversación con Artlab: cada vez que un músico sube a un escenario, entra a un estudio o pasa horas frente al teclado, lo hace para contar su propia vida.

Influencia
En Manolo Juárez esa posición tenía consecuencias concretas. Compositor, pianista y arreglador, figura decisiva en la expansión armónica del folklore argentino, desconfiaba de la necesidad de presentar permanentemente obras propias. En una entrevista con Sergio Pujol publicada por Radar en 2015, se preguntaba por qué tantos músicos jóvenes concentraban sus esfuerzos en componer y tan pocos en interpretar un repertorio ya existente. Para Juárez, un arreglo o una improvisación podían asumir funciones compositivas: interpretar implicaba intervenir sobre el material recibido.
Su influencia sobre Iaies resulta difícil de reducir a una semejanza estilística. El propio Iaies afirma que ni las composiciones de Juárez, ni sus arreglos, ni siquiera su manera de tocar el piano fueron determinantes en su formación. Y, sin embargo, sostiene que no puede explicarse como músico sin haber sido su alumno. La marca de Manolo aparece en una manera de relacionarse con el trabajo, la tradición y aquello que otro había escrito antes.
En aquel homenaje, Iaies llevó esa relación al piano interpretando “Mora”, una composición de su maestro. Al reseñar el concierto para Otra Parte, Pujol señaló esa versión, junto con las de Diego Schissi y Leo Sujatovich, entre los momentos más altos de la noche, y destacó la libertad para desarrollar, variar y derivar el material. La enseñanza reaparecía dentro del homenaje: recibir una música también podía significar transformarla.
Los dos discos de piano solo más recientes de Iaies plantean la cuestión desde situaciones muy distintas. We’ll Be Together Again. Live at Prez. fue grabado en vivo en un club de jazz y trabaja fundamentalmente sobre standards. SUR (como respuesta a todas las preguntas) fue registrado en su casa, con su propio piano, y vuelve sobre tangos de Juan Carlos Cobián, Aníbal Troilo, Francisco De Caro y Mariano Mores. Club y casa; jazz y tango; dos tradiciones y dos condiciones de escucha. En ambos permanece el mismo problema: qué puede hacer un intérprete con una música que ya existía antes de que él llegara.
Primera persona
“Yo hablo de mi vida a través del piano”, dice Iaies. Habla también del instrumento que estuvo disponible frente a la tristeza y la pérdida, de decisiones importantes tomadas sentado ante el teclado, de la calma y la protección que encuentra al apoyar las manos sobre las teclas. “El piano me salvó la vida”, afirma. La primera persona de la que habla nace también de esa intimidad cultivada durante décadas.
Conciertos forma parte de una ampliación del campo de programación de Artlab hacia otros formatos y lenguajes, con un interés por la composición, la interpretación y los matices del sonido. El solo de Iaies concentra esas cuestiones en un intérprete, un repertorio deliberadamente abierto y un instrumento acústico cuya respuesta deberá descubrir esa misma noche. Ataque, resonancia, pedal y dinámica entrarán también en juego.
Iaies encuentra en los espacios nuevos un estímulo. La familiaridad permite sentirse en casa; tocar allí por primera vez, dice, obliga a “mover otros resortes”. Para alguien que entiende la interpretación como una manera de hablar en primera persona, cambiar el lugar desde el cual se habla difícilmente sea un detalle.












