“Todo el tiempo escucho ritmos en mi cabeza, es constante.”

En Gomez Onofri & Asociados todo tiene un ritmo: las escenas, los cambios de vestuario, los silencios, la música, los errores y hasta la energía del público. Gomez Casa, uno de los creadores del proyecto, lleva ese pulso desde la batería y desde el centro de una experiencia que se construye en tiempo real. Entre cassettes que se traban, pistas inesperadas, performers y una comunidad cada vez más grande, habla sobre cómo hacer del caos una forma de creación y del arte un lugar para salir con más preguntas que respuestas.

Los tickets para la experiencia de Gomez Onofri & Asociadas se encuentran disponibles en este link.

En un espectáculo tan atravesado por la improvisación, los desafíos y la interacción con el público, ¿qué significa para vos ser maestro de ceremonias? ¿Es alguien que conduce, que provoca, que organiza el caos o un poco de todo eso? 

El Arte tiene que generar preguntas, no respuestas. Si el Arte genera respuestas estamos en el horno. Yo voy a ver una peli, una banda, una muestra, y quiero salir con preguntas, no con respuestas. Yo salgo de mi casa a ver algo, y espero y deseo que genere algo en mí, no voy para ver lo que le pasa al “artista” en el escenario, voy con la esperanza de que en todo caso, eso que le pasa al “artista” me genere algo a mi, como público. Asique, como maestro de ceremonias, uno de mis objetivos es, a medida que transcurre la noche, que todos se empiezan a hacer preguntas.  Es provocar, es interactuar constantemente, pero sobre todas las cosas es leer la energía de la noche y ver por donde entrar, de qué manera, es algo extremadamente cambiante y dinámico. Y es simplemente una sensación, una percepción. Y desde esa intuición cambiante generar un climax en donde te sea imposible no interactuar. Pero no hay una fórmula, por suerte, es una experimentación en el momento. Todas las ediciones de Gomez Onofri & Asociados son diferentes, y lo que hacemos no es un show estático. La gente llega a y no tiene ni idea de lo que se puede encontrar, por ende el “maestro de ceremonias” es el primer dato que le damos al público cuando ingresa. Estoy yo, usando un traje marrón vintage impecable con rayas muy finitas beige y rojas, pasando música en cassette y cd, usando un walkman rosa y un discman blanco. Y desde ahí ocurre gran parte de la narrativa de la noche. Entrás y ya hay algo que no entendes muy bien. Pero por algún motivo parece normal. Y ese personaje te recibe, anima la noche, presenta escenas, rifa cervezas, y constantemente intenta ordenar un caos obsesionadamente improvisado. 

También sos el responsable de contextualizar sonoramente las distintas escenas de la performance.¿Qué herramientas encontrás en el sonido para darle identidad a cada situación?

La música, lo sonoro, son grandes contextualizadores. No es lo mismo ver a una persona corriendo sin parar con un tema de fondo de Beethoven, que con un tema de Massive Attack, o un tema de Madonna o con un audio de Atahualpa Yupanki hablando del silencio. La persona es la misma, corre igual, el espacio es el mismo, pero lo que suena mientras la ves correr es lo que hace que te cambie lo que crees que le está pasando a esa persona mientras corre. Y eso es mágico. La música es mágica. Y si a eso le sumas el vestuario, todo se vuelve a resignificar. No es lo mismo una persona llorando desnuda, que si está con un traje blanco manchado de sangre, o si esta vestida de doctor. Cada una da un resultado diferente. Y en Gomez Onofri & Asociados con cada cambio de vestuario hay un cambio de música, con cada cambio de música hay un cambio de vestuario, y eso cambia cada 4 minutos durante una hora sin parar. Y a su vez utilizar cassettes y cds hacen que el error sea siempre una posibilidad. Porque se engancha la cinta, hay que rebobinar constantemente, el discman de golpe no lee lo que quiero poner, siempre hay un momento en donde todo empieza a fallar, y esas tecnologías “obsoletas” no solo tiene un sonido muy particular, mas fílmico, sino que hacen que todo sea menos predecible. Cuando la falla entra en acción todo se vuelve más lúdico. 

Hay un momento en el que dejás de administrar el ritmo de los acontecimientos para producirlo desde el instrumento. ¿Sentís que cambia tu relación con el público?

A mi me es imposible no llevar el ritmo de las cosas. Es una virtud o tengo un problemón? la verdad no lo sé. Todo el tiempo escucho ritmos en mi cabeza, es constante. ¿Estoy jugado? puede ser, no lo sé. Recuerdo que cuando era chiquito en mi mesita de luz había un reloj despertador a cuerda y yo no podía dormir porque escuchaba la aguja del segundero hacer  “click” “click” “click” y automáticamente empezaba a subdividir en diferentes rítmicas. Y lo peor de todo es que la pasaba bien, jaja, no dormía pero era feliz. Ahora duermo y soy feliz. Osea que claramente estoy mejorando, o no?

Así es mi relación con el ritmo. Es una especie de Venom auto fabricado que habita en mi cuerpo. Pero nos llevamos bárbaro, jajaja. Hay gente que escucha voces. Bueno, yo escucho ritmos todo el tiempo, ¿qué quieren que haga? Perdón, pero tenía que largar todo esto, las cosas hay que sacarlas para afuera porque sino se transforman en algo que te hace mal. Recomendación. Desnudate de adentro hacia afuera, sacalo, apoyalo en algún lugar, mirarlo un rato. Buscale el ritmo, elegí con que tema musicalizar tus adentros, y bailalo. Cuando termine el tama yo no serás el mismo. Obviamente me fui a la mierda, pero no perdí el ritmo.

Estoy en la noche de Gomez Onofri & Asociados, llevando el ritmo de cada escena, musicalizandolas, definiendo extensiones, entra un luchador de lucha libre, y al instante se arma una pista de “Lentos” en dónde la pareja que mejor baila se gana una birra. Todo a su ritmo, ritmo musical, ritmo temporal, ritmo de las tensiones, de los reposos, del silencio. Pero todo eso es abstracto. Es una gran fantasía sensorial. 

Cuando me subo a la batería siento que todo cambia. En ese momento el ritmo se mete en tu cerebro y ya no hay escapatoria. Ya no es tu imaginación. realmente está ocurriendo frente a vos.

Por otro lado, la performance funciona como un punto de encuentro para distintos actores de la escena local. ¿Qué lugar ocupa esa dimensión comunitaria dentro del proyecto?

Si no construís una comunidad nada tiene sentido. Si no te sentís parte de algo te estas perdiendo de lo mas lindo. Creo que ninguno de nosotros pensaba que iba a pasar lo que está pasando. No solo se agotan todas las ediciones, sino que el día del “show” nos escribe mucha gente que quiere ir, y ya no hay lugar. Y eso en el contexto de mierda en el que estamos es una locura. No solo por la cantidad de gente que va, sino por las ganas que tiene la gente de ir. Tener ganas de ir a ver algo. Ganas de hacer algo.

Y mágicamente empezó a ocurrir que en todas las noches hay muchos músicos, bailarines, actores, productores, artistas multidisciplinarios, gente inquieta que vienen a verlo, a vivirlo, a experimentarlo. Nosotros nos sentimos parte de algo.

Siempre hay un momento en la noche en donde siento que si la gente que está ahí, que fue a ver este delirio, se pusiera a hablar un rato, de ahí mismo, de esa noche, saldrían un montón de proyectos nuevos. 

Si tuvieras que definir esta experiencia para alguien que nunca vio la obra ¿qué le dirías?

Primero que no es una obra, jaja. No se realmente que es, y eso es bueno. Le diría que va a ver 19 cambios de vestuario en una hora. Le diría que hay secretarias que le van a tirar onda. Que si baila y le pone onda se lleva una birra gratis. Que va a escuchar una batería a centímetros de su cuerpo. Y que no le conté ni el 10% de lo que ocurre en la noche. Le diría que salga de su casa, que venga a vivirlo, porque se va a ir con la cabeza llena de ideas. Y al otro dia va a decir: “Gracias Gomez Onofri & Asociados por llenarme de dudas”