"Lo que más me emociona es ver que esa semilla que plantamos y regamos cuando parecía algo lejano hoy forma parte de una cultura mucho más grande."

Hablar de música electrónica en Argentina es, en parte, hablar de Miguel Silver. DJ y referente de una generación que ayudó a construir la escena desde sus cimientos, lleva más de tres décadas atravesando clubes, festivales y movimientos que marcaron la historia del género en el país. Desde los años pioneros de Urban Groove hasta sus proyectos más recientes, Silver ha sabido combinar la herencia de la vieja escuela con una búsqueda constante de nuevos sonidos. En esta charla, repasa su recorrido, reflexiona sobre la evolución de la cultura electrónica y reivindica una idea que atraviesa toda su carrera: las raíces no tienen que ver con una época o un sonido, sino con valores. Este viernes se presenta con Carlos Alfonsin y Soffie Bueno . Los tickets se encuentran disponibles en este link.

Fuiste parte de la primeras generaciones en promover, difundir y defender el sonido del Chicago House y el Detroit techno en el país cuando todavía no eran del todo conocidas. Mirando hacia atrás, ¿cómo se adaptaron esos géneros tan afroamericanos y urbanos a la identidad cultural de la noche argentina, y qué de ese ADN original sentís que se mantiene vivo hoy?

Creo que lo más interesante de ese proceso fue que esos sonidos llegaron a Argentina sin perder su esencia, luego las pistas de baile se adaptaron convirtiéndolos en naturales. Pertenezco a un grupo de varios Djs  que cuando empezamos a acercar el Detroit Techno y el Chicago house, no eran simplemente géneros musicales, traían una historia, una cultura y una forma distinta de entender la pista, la comunidad y la libertad de expresión.

En ese momento no existía una escena que desarrollara específicamente esos estilos ni nada parecido, entonces hubo que generar entre todos espacios de escucha y de comprensión. La gente se fue apropiando de esa energía porque, más allá del origen afroamericano y urbano de esos movimientos, había algo universal: el ritmo, la repetición, la conexión entre las personas y esa sensación de pertenecer a algo.

Con los años, la música electrónica en argentina fue creando su propio lenguaje. Tomó influencias de afuera, pero también sumó nuestra cultura, nuestra manera de vivir la noche y nuestra sensibilidad. El ADN original aún sigue vivo en la búsqueda, en el respeto por la música, en entender que no se trata solamente de poner un disco sino de construir una experiencia.

Después de más de tres décadas y media en esto, lo que más me emociona es ver que esa semilla que plantamos y regamos cuando parecía algo lejano hoy forma parte de una cultura mucho más grande. Las generaciones nuevas quizá llegan por otros caminos, pero esa esencia de libertad, innovación y comunidad sigue estando ahí.

La música electrónica suele moverse en ciclos: géneros que nacen en el underground, se vuelven masivos, se saturan y luego vuelven a sus raíces más crudas. Desde tu perspectiva histórica, ¿en qué momento de ese ciclo creés que se encuentra hoy la escena local? ¿Y cuáles son los conceptos o valores que hacen que esas raíces sean indiscutibles?

Creo que la escena actual está en un momento bastante particular, porque conviven muchas etapas al mismo tiempo. Por un lado, la música electrónica en Argentina y en el mundo alcanzó una masividad que hace décadas era impensada, llegó a públicos diversos y eso tiene un lado positivo porque permite que más gente se acerque a esta cultura. Pero al mismo tiempo, como pasó muchas veces en la historia, cuando algo crece también aparece la necesidad de volver a buscar la esencia.

Después de casi cuatro décadas aprendí que los ciclos son parte natural en la evolución de la música. El underground nunca desaparece y siempre encuentra nuevos lugares y nuevas generaciones que vuelven a descubrir esos códigos.

Las raíces son indiscutibles porque no tienen que ver solamente con un sonido o con una época determinada. Tienen que ver con valores, la libertad de expresión, la inclusión, la comunidad, la búsqueda artística, la experimentación y el respeto por la música. Chicago House y Detroit Techno nacieron desde una necesidad de crear espacios propios, de identidad y de conexión.

Creo que el desafío actual es no perder esa intención detrás de la música. La tecnología cambió, las plataformas cambiaron y la forma de consumir música cambió, pero la esencia sigue estando cuando hay un artista que desde la autenticidad e inspiración tiene algo para decir y hay un público que se conecta con esa energía. Ahí es donde la cultura sigue viva.

Como DJ, existen muchos códigos no escritos que forman parte de la cultura de la cabina y la pista. ¿Cuál es el más importante para vos y por qué?

Creo que el código más importante es el respeto. Respeto por la música, por tus colegas que comparten con vos si te toca, por la pista y por el momento que estás compartiendo con la gente.Un DJ no está solamente poniendo discos; está leyendo una energía, construyendo un viaje y entendiendo que la pista es un momento para conectar. Muchas veces el mejor momento de un set no es cuando hacés lo que todos esperan, sino cuando lográs llevar a la gente a un lugar desconocido y lo disfrutan. Cada género musical tiene una historia, una identidad y una razón por la que existe, conocer e investigar y hacer un trabajo serio y responsable lleva al artista a ser destacado. Cuando uno entiende eso, la cabina deja de ser un lugar de protagonismo personal y se convierte en un espacio de transmisión.Después de tantos años, sigo creyendo que las tendencias cambian, pero ese código permanece, escuchar, respetar y entender que la pista siempre es la protagonista.

Si tuvieras que contrastar la mirada que tenías de la música y de la noche cuando empezabas con la perspectiva que tenés hoy, ¿qué es lo que más cambió en vos y qué se mantuvo intacto?

Cuando empecé, miraba la música y la noche desde el lugar casi mágico, de  exploración constante, todo era nuevo descubrir sonidos, descubrir un artista, compartir un disco que quizás nadie conocía y ver cómo esa energía empezaba a generar algo en la gente. Había mucho de intuición, de pasión y de la necesidad de generar todo el tiempo.

Con el paso de los años cambió la forma de mirar. La experiencia te enseña que la música no se trata solamente del impacto del momento, sino de entender su evolución, su contexto y lo que puede provocar en las personas. Hoy valoro mucho más la conexión, la intención detrás de una selecta y el respeto por el viaje que se construye en una pista.

Lo que sigue intacto es la curiosidad y el amor por la música. Después de tantos años todavía existe esa emoción de encontrar un disco nuevo o de estar frente a una pista y sentir que algo especial está pasando. Creo que esa es la parte más importante! La tecnología, las modas y los formatos cambian (en mi caso soy fiel al formato que más me siento cómodo que es el vinilo) pero la necesidad de conectar a través de la música sigue siendo la misma de siempre.