"Es un laboratorio de acción simultánea"
En el universo de Juan Onofri, las ideas se atraviesan con el cuerpo, y esa forma de pensar no queda en una consigna: organiza todo lo que hace en Gómez Onofri & Asociados, la performance que presenta en el ciclo DIALOG junto a Gómez. La propuesta se arma como un laboratorio creativo donde el humor, la destreza física y la improvisación conviven con un trabajo de experimentación bastante riguroso, y donde el riesgo, el ridículo y la cercanía con el público no son decorado sino parte del lenguaje. La experiencia busca que lo que sucede en escena se comparta con el público, sin quedar reducido a una exhibición de puro virtuosismo.
En esta entrevista, Juan Onofri reflexiona sobre el proceso de creación, el lugar del cuerpo en escena y una práctica que apuesta a hacer antes que explicar.
.Los tickets para la experiencia de Gomez Onofri & Asociadas se encuentran disponibles en este link.

El proyecto se presenta como un laboratorio creativo en este caso en sociedad con Gomez, ¿Qué cosas se permiten probar acá que quizás no tendrían lugar en una producción más tradicional?
Creo que algo de la pavada, la desmesura, en combinación con cierto rigor artístico y técnico. Eso da una combinación poco probable en condiciones más tradicionales de creación.
¿Cómo conviven el virtuosismo, la interactividad con el público y el humor dentro de la escena?
Al momento de la segunda función que hemos hecho, conviven de una forma curiosamente potente.
Es clave entender que esta experiencia tiene un sustento corporal muy fuerte. Los cuerpos están vibrando, transpirando, respirando, muy cerca de la gente. Esa proximidad de escala humana, nos acerca, nos hace construir un momento en común, desdibujando la idea de artista y público como agentes separados. En ese sentido el humor, y nuestra capacidad o incapacidad de ridiculizarnos, de exponernos en esa intimidad tan próxima, son llaves para estar juntos, y construir una empatía. Si eso sucede, cuando aparece la capa del virtuosismo, el riesgo, la velocidad, el impacto es mucho más intenso. Porque el efecto no es de algo que sucede lejos, que lo hacen “otros” sino es un intento de “virtuosismo colectivo”.
Y claro, como estamos hechos mierda como sociedad, sumergidos en el barro de la decadencia individualista, si logramos un momento de comunidad, aunque efímero y momentáneo, algo distinto nos pasa en el cuerpo individual y grupal.

Además de dirigir y crear la obra, estás arriba del escenario. ¿Qué cambia cuando quien imagina la pieza también pone en juego su propio cuerpo?
Y… es tomar tu propia medicina.
Para mi es maravilloso poder hacerlo, te da un justo equilibrio entre lo ideal y lo posible.
También te da una actualización del timing del show muy realista y próxima al público. Además de que es pura diversión.
En lugar de personajes tradicionales, aparecen figuras o estados que se transforman constantemente. ¿Cómo fue el trabajo de construcción de esos cuerpos y presencias?
Creo que todo sucede con mucha velocidad: pensamos y hacemos en simultáneo sin que nos gane la neurosis. Con arrojo y confianza sobre las ideas. Hay una lógica de hacer todo lo que los demás proponen, sin cuestionar demasiado, a todo sí. Eso genera que quieras que las cosas se hagan realidad aunque sean imposibles, ridículas, zafadas. Hay que ponerle el cuerpo a la locura, a la vergüenza, a la belleza.
Es un laboratorio de acción simultánea.
Si tuvieras que definir esta experiencia para alguien que nunca vio la obra ¿qué le dirías?
Que armamos un Frankestein de 90 minutos apto para todo público, hecho de pedazos de un Happening snob, una Kermese popular, un Varieté bizarro, y un Show explosivo.


